Maria de Betania y Maria Magdalena


Maria de Betania y Maria Magdalena

Es posible identificar plenamente a María Magdalena en los evangelios cuando se la llama como tal; sin embargo, también se le ha asociado con otras mujeres que aparecen en los evangelios canónicos, lo cual ha generado confusión. La primera con que se le ha asociado es con una mujer pecadora que unge los pies de Jesús –mencionada en Lc 7, 36-48–. La segunda es con María de Betania –mencionada por Mateo, Marcos y Juan–, y que también unge a Jesús.


 

En el primer caso, la unción se hace a comienzos de la predicación de Jesús; en el segundo la unción se hace hacia el final y como preparación para su sepultura, como señalará el mismo Jesús. En ambos casos los anfitriones son diferentes –un fariseo llamado Simón (en el primero) y la familia de Be-tania (en el segundo). En el pasaje de Lucas el criticado es Jesús, en el caso de los demás evangelios la criticada es María de Betania. La segunda mujer es identificada, la primera no y, si bien el acto de ungir es el mismo, en todo caso los contextos son bien diferentes en cada una de estas unciones. ¿Es posible que el pasaje de Lucas y el de los demás evangelios sean el mismo, pero que Lucas no se informó en todos sus detalles, y no supo acomodarlo en el momento en que sucedió efectivamente? ¿Es posible que, en efecto, sean dos relatos diferentes, lo que indica que Jesús fue ungido dos veces? Simbólicamente podemos decir que en varias escrituras sagradas se mencio-na la necesidad del renacimiento, de volver a nacer, y se dice que los que lo logran son los nacidos dos veces. Ese nacimiento se opera mediante cierta agua aceitosa (aquí aceite y agua vienen a tener la misma equivalencia) y, en el caso de que hubiera sido ungido dos veces es bastante insinuador, en el sentido que nos indica que se trata de un ser dos veces ungido, dos veces nacido. Y él mismo indica la necesidad de nacer de nuevo para ver el reino de los cielos. En este sentido, el hecho invariable es la unción y, lo mejor, que dicha unción se realiza por parte de una mujer.

Pero, hasta donde hemos visto, a primera vista nada hay que asocie a María Magdalena con la primera mujer, la que unge a Jesús en casa de Simón y de la que se dice que es pecadora. El único nexo surge sólo si se reconoce que María Magdalena amó profundamente a Jesús.

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Lc 7, 40: Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.

41: Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y otro cincuenta;

42: y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?

43: Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

44: Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.

45: No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

46: No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.

47: Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho.

 

Esta mujer amó más, amó mucho; y Jesús también parece que le ama porque le perdona todo, le perdona sus muchos pecados. Es semejante a María Magdalena a quien Jesús libera de siete espíritus impuros, es decir, de todos; y la vemos en los momentos más críticos y angustiantes de Jesús junto a él. Y, aún cuando todos han huido –en el momento de la captura y crucifixión–, ella sigue ahí y va muy de mañana a buscar a su señor para ungirle con especias aromáticas, en su sepultura.

 

Esta mujer, que le besa y unge los pies, luego de que es perdonada, ya no es más indigna, ya no debe inclinarse a besar los pies; su amor la ha dignificado y ahora puede besarle y ungirle y adorarle todo –cuando María Magdalena se dirige al sepulcro con las especias aromáticas no va a aromatizar ni preparar sólo sus pies, va a ungirlo todo–. Salvo por esta correlación, no existe evidencia que nos permita relacionar a María Magdalena –la torre del pescado–con esta mujer.

 

El caso de María de Betania es un poco diferente. Veamos.

 

Mt 26, 6: Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

7: vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.

8: Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?

9: Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.

10: Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.

11: Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.

12: Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.

13: De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella[1].

(V. a. Mc 14, 3-9; Jn 12, 1-8)

 

En el pasaje de Juan el anfitrión es Lázaro –salvo por esto, la similitud de los relatos es enorme–, y la mujer que unge a Jesús es María de Betania; aún más, versículos antes, en Jn 11, 1-2 se hace la claridad en este mismo sentido. No obstante, llama la atención el hecho de que el evangelio Jesús dice que en todo el mundo se contará lo que ella hizo[2], lo que significa que para Jesús este evento fue de una trascendencia enorme y, decididamente, se convierte en un evento significativo. Lo curioso es que María Magdalena, que ha estado desde el inicio del ministerio de Jesús, apoyándole incluso con sus bienes (Mc 15, 40-41; Jn 8, 1-3), hasta el momento mismo de su resu-rrección, no esté en este evento significativo.

Algunos autores han propuesto la hipótesis de que María Magdalena y María de Betania son la misma persona[3]. De hecho, fue la misma iglesia católica la primera en proponer este nexo cuanto el papa Gregorio I, en su Homilía 33 dice:

 

De modo que creemos que la que Lucas llama la mujer pecadora y Juan llama María, es esa María de quien, según Marcos, fueron expul-sados siete demonios. ¿Y qué significaban esos siete demonios sino todos los vicios? Está claro, hermanos, que esa mujer había empleado ese ungüento para perfumar sus carnes para actos prohibidos[4].

 

No discreparemos en cuanto a que hubiera perfumado sus carnes, pero si hemos de contradecir en el sentido de considerar como acto prohibido a la unión sexual pues, después de todo, es claro que la unión sexual no está prohibida ni es pecaminosa (en su forma primigenia). Creemos que el papa Gregorio I se refiere al gran Arcano A.Z.F., a la desnudez paradisíaca, siempre y cuando no se coma del fruto prohibido pero que, ignorante de los misterios, sólo acierta a pensar como cualquier hombre vulgar.

Más allá de esto, lo cierto es que si este nexo resulta correcto, que si María de Betania y María Magdalena son la misma persona, se pueden descubrir detalles en los pasajes de los evangelios que delatarían el posible vínculo marital entre Jesús y la Magdalena (eventualmente, la misma María de Betania). Pero, por otra parte, indicaría también que, tratando de infundir un mal en la persona de la Magdalena, relacionándola con una prostituta y con María de Betania, se le hacía justicia a su papel como esposa de Jesús; razón por la cual, era conveniente volver a diferenciarlas.

El problema es que Magdalena no es un título fijo ni invariable, sino que funciona a modo de alias pues, como vimos antes, en Lc 8, 2 encontramos que Magdalena parece ser un apodo puesto adrede pues dice María, que se llamaba Magdalena. Y en la Biblia de Jerusalén dice María, llamada Magdalena. Esto nos dice abiertamente que ella se hizo llamar así o que, el hecho que la llamaran así quería transmitir un significado de fondo. ¿Podía ser ella la misma María de Betania, que se hacía llamar María Magdalena? Porque, así las cosas, lo que sí parece ser un hecho es que, cuando se dice que era llamada Magdalena, se refiere a una especie de título distintivo superpuesto que esconde la identidad de otra mujer. Y, en cuanto a que no tiene el apellido del esposo –¿cuál era el apellido de Jesús?–, bien hacen en inferir los eruditos en que se trata de una mujer soltera. Pero, en cuanto a que se hace llamar Magdalena, se hace llamar la torre del pescado (el apoyo y refugio de Jesús, si se quiere), lo que indica que es la esposa de alguien[5]. Y en cuanto se hace llamar Magdalena, indica que también se oculta su verdadera identidad. No porque se quiera ocultar un supuesto papel de prostituta que, a propósito, no se esgrime nunca de la textura bíblica y cuyo presunto nexo no es más que ridículo. Por el contrario, ¿Cuál es la otra mujer que resulta notable en la labor de Jesús? María de Betania[6]. El vínculo ya había sido hecho por la misma secta católica, y el propio Jesús dice:

 

Mt 26, 13: Dondequiera que se predique este evangelio […], también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella

 

Lo curioso es que donde quiera que se predica el evangelio no se la nombra y, por el contrario, se la oculta. En todo caso, el obispo Jacobo de Vorágine en su Leyenda Dorada indica en forma expresa que María Magdalena, de linaje noble, era hermana de Lázaro y Marta[7]; es decir, María de Betania y María Magdalena son una y la misma persona (la princesa del castillo de Magdalo), y con esto queda el asunto sentenciado. Ella y Jesús, al contraer matrimo-nio, se convertían en reyes –puesto que Jesús, al parecer, también descendía de sangre real–. Es decir, el Rey al lado de su Reina –y no como nos han hecho creer: un analfabeto al lado de una pecadora–.

 


[1] El evangelio al que se refiere Jesús es al evangelio gnóstico. No cabe duda que donde quiera que se predica la doctrina gnóstica se narra la unción de María de Betania y se enseña que sin ella él no habría podido llegar a ser lo que fue; en síntesis, lo que ella hizo por él. Por contraposición, en la secta católica no se pregona lo que María de Betania hizo por él, de modo que resulta evidente que tal facción religiosa no predica la doctrina del Cristo Jesús. Y es claro que Jesús no se refiere a que se lea en un púlpito un par de pasajes donde se le mencione; sino a que se le promulgue y le venere a ella  con la misma intensidad, con la misma devoción con la que se le promulgaría y veneraría a Jesús mismo.

 

[2] Es una manera de decir que ha de ser recordada para siempre. Y es más de lo que dice de cualquier otra persona. De hecho, es a la única persona sobre quien dice esto. Después de su anonimato es momento en que vuelva a ser recordada, de que se vuelva a contar lo que ella hizo por Jesús, y que para él resulta ser de una profunda significación. A decir verdad, deben ser recordados los dos en la representación de la mujer que unge al hombre.

[3] Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln en el Enigma sagrado; Lynn Picknett y Clive Prince en La revelación de los templarios y Dan Burstein en su libro compilado Los secretos del código, entre otros.

 

[4] BURSTEIN, Dan. Los secretos del código. Buenos Aires: Emecé, 2004.

[5] Además es interesante el hecho de que las demás mujeres y las otras Marías necesitan de un elemento descriptor, un título de parentesco para identificarlas, mientras que la Magdalena no, dando por sentado que ya se sabe quién es, su importancia, su absoluta notoriedad entre los evangelistas y el público a que van dirigidos los evangelios.

 

[6] Es curioso que ambas sirven con sus bienes a Jesús, y ambas parecen próximas a él, pero que en ningún momento aparecen juntas en un mismo episodio, siendo que está la una o está la otra. Pero, si es que María de Betania es la misma que se hacía llamar Magdalena, realmente no podríamos encontrarlas a ambas en un mismo episodio pues serían la misma.

 

[7] VORAGINE, Jacobus de. The golden legend: Readings on the Saints. New Jersey: Princeton University Press, 2012. P. 375.

Extracto del libro LAS VERDADES OCULTAS DE LA BIBLIA

EL LIBRO QUE ESTÁ HACIENDO TEMBLAR AL VATICANO
EN BASE A EVIDENCIA BÍBLICA SE DEMUESTRA QUE:

MARÍA DE NAZARET
No fue virgen
Tuvo más hijos (se revelan sus nombres)
Habría tenido a Jesús, no se José, sino de otro hombre (se revela su identidad)
MARÍA MAGDALENA
Fue la esposa de Jesús
Era la princesa de Magdalo
Estaba embarazada al momento de la crucifixión (se incluyen las imágenes)
JESÚS DE NAZARET
Se habría sacado a los 16 años (su vida oculta, no mencionada en la Biblia)
Practicaba ritos sexuales con María Magdalena (se revelan cuales)
Tuvo varios hijos (se revelan sus nombres)
No nació en Belén
Su padre no era José, sino otro hombre (se revela su nombre)

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